Y sonreír…

Y sonreír y sonreír y sonreír…
Y en un segundo sentir:

Que me quitas la sonrisa,
me callo,
me esfumo en el silencio
y luego vuelvo.
Me celas,
me crispas,
me serenas
con tu repentina risa.
Me enfadas,
te enfado,
te largas y me lanzas:
 –Ya no te quiero a mi lado.
Te ausentas angustiado,
te llamo desesperado,
espero necesitado
desde el otro lado…

Y luego despertamos al fin
cuando tú me cuentas:
–Yo sólo te quiero a ti,
y yo muestro reticencia
cinco segundos antes de volver a sonreír.

Y sonreír y sonreír y sonreír…
con un sonrojo estúpido en la cara,
y en un segundo sentir
que estás aquí
conmigo en la cama.

Published in: on 6 mayo 2011 at 1:25 am  Comments (2)  

Por qué negarlo…

Por qué negarlo.
Y aunque no quiera, ¿dónde van mis pasos?
¿Cuál es su meta? Seguir tropezando.

En algún tiempo,
creía adivinar tras los lamentos
una bóveda de vanas estrellas.

De todo ello fui alimentado.
Pese a las heridas, cogí el antojo
de volar y llorar del mismo modo.
De todo vuelo me vi despojado.

En alguna parte de mis recuerdos | mentiras tan tiernas…
La hierba crecía tan verde y fresca | ese dulce cuento…
Llegué a trepar tantas enredaderas |ese dulce empeño…
Perseguí la sombra de tantos sueños | de luces eternas…

Published in: on 6 mayo 2011 at 1:23 am  Comments (1)  

Lo sé:
Cuando busco tu olor en mi cama
Y sollozo tu nombre y no llegas
Y no vuelcas mis paredes de acero
Y no me besas, y no me despiertas

Lo sé:
Siempre serás nube deshecha en polvo
Ante toda errada expectativa
Flor rendida sobre la tierra muerta
Roca inerte que la corriente olvida

Published in: on 27 abril 2011 at 6:14 pm  Comentarios desactivados en  

Te echo de menos

      Te veo perdido en calles mojadas, de madrugada, a través de nuestra habitual cortina de humo. Solitaria figura sin rumbo, sin destino, sin luz propia. Tan convaleciente, tan esclavo de quien inventaste ser. Te veo cabizbajo bajo un aguacero que nunca cesó, en un invierno que nunca se hizo verano.  Dices que ya no sufres, que ya no sientes, y aun así te veo retorcido de dolor. Dices que no esperas ninguna ayuda, pero a través del silencio puedo oír tus gritos desesperados. Quisiera decir palabras que tumbaran tu resignación, calmaran tu pérdida y crearan historias. Pero cómo hablarte de nuevas luces sin que me llames ingenuo, estúpido o ignorante; estimarías absurdo creer en algo que apenas recuerdas. Por eso sólo callo.

      Y almenos te abrazaría, si no existiesen tantos caminos de por medio. No me digas que no estoy solo; me duele sentir que así es. Tampoco me hables de sueños; yo sólo quiero estar contigo. Siento no querer esta soledad inexorable a la que te acostumbraste por miedo a perderme. Así es conveniente que sea, dijiste. Y aunque encuentres en ello mi comprensión y complaciencia no olvides que nunca fui esa clase de chico sensato. Desespero cuando veo el tiempo pasar inútilmente y la distancia robarnos los buenos momentos, tan atrapado en los miedos que me acecharon desde pequeño, ahogándome en un sueño dulce y etéreo. Hasta que al fin despierto, todavía triste y fuera de tu escenario.

      No tienes que decirlo: sé que no estoy fuera. Te Quiero.

     

Published in: on 12 abril 2011 at 3:57 pm  Comments (1)  

Futuro

      Luna tras luna siento que duermo en tu pecho, y hasta la llegada del alba me dejo endulzar por tu voz. La oscuridad de esas horas me trae una magia indomable, que calienta y enfría a un mismo tiempo. En la penumbra río al escuchar tu risa lejana, ensimismado por una felicidad pletórica. O me aferro a tus silencios contenidos, a tu memoria herida, a tu alma de guerra y fuerza, a tu rabia viva. Cierro los ojos y casi siento tu respiración contra mi piel y el peso de tus ojos sobre los míos.

      Pero la luna me quema si me acecha tu ausencia: esas noches te añoro tanto que te conviertes en polvo irreal y místico que pesa en mi cama, en luz azul de triste fantasía que me paraliza ante el miedo. Y pronto llega el frío calando en mis huesos, la oscuridad abrumándome el alma, tu voz en mi cabeza llenando un absurdo silencio…

      Me desquiciará la mañana con su hedor a muerte, clamando supuesta justicia divina en mis cuatro paredes. Y querré decirte cosas que se habrán quedado por ser dichas, querré decirte que aún te creo, querré decirte todo aquello que acallé en el silencio de la noche. Y se hará tan tarde en tu vida y la mía… La noche nos quitará el tiempo y para entonces sólo seremos recuerdo y ceniza, pero hasta la salida de un nuevo sol no querré sufrir tu ausencia. ¿Te habrás ido o seguirás ahí, en tu burbuja de niebla?

 

Published in: on 10 febrero 2011 at 6:21 am  Dejar un comentario  

Sólo un sueño

   Desafiar las calles oscuras y reavivar un corazón desmayado en las carreteras del tiempo. Luces en la noche que alumbren mi figura y nunca mueran. Robar la luna, hacerla eterna, dormir en esa luz de quimera…

   Creer en su mirada imposible y desenterrar la sonrisa perdida del pasado revuelto. Ojos de ciego y alma valiente que luchen por un último sueño. Correr desenfrenado, lanza en mano, la aurora acechante en el horizonte…

   Nadar en la inmensidad del océano y morir dulcemente ahogado. Bocados de pasión inventada, de sabor y textura improvisados. Caer en la dulce ignorancia del quizás, huir del verdadero jamás, perderse en sus besos imaginarios…

 

Published in: on 31 octubre 2010 at 8:38 pm  Comments (1)  

Las nuevas luces

Por las noches vuelvo a la guarida de un loco. A la oscuridad angustiosa de tu cuarto. Sigues dándole importancia a tu extravagante colección de botellas de plástico, fantaseando con encontrarles, algún día, una utilidad brillante. Siguen los peces muriéndose en el agua, y a veces observas, con insólita curiosidad, cómo agonizan sumidos en la impotencia.  Tu cama sigue deshecha, pero aquélla que una vez ocupé junto a la tuya ni siquiera está. Las flores mustias de tu vida siguen acorraladas entre cuatro paredes, y lo peor de todo es que te has acostumbrado a vivir en tal estado. De repente la sonrisa del diablo en tu boca, y los ojos de un niño cruel y chiflado sobre un insecto acorralado.

Cuando abro los ojos y me inunda la claridad, tú desapareces. Desaparecen tus lágrimas frustradas, tu olor a soledad y locura, la ira de tu mirada, el cinismo de tus palabras, la falsa seguridad con la que te envuelves, tus cálculos impíos, tu piel áspera, tu puño, tus demonios, tu veneno, tu espantosa obra, siempre infinita… Como nuevas luces que despidieran la tempestad de una madrugada. Como el último guerrero que alzara su lanza victoriosa. Todo se difumina bajo el agua, y sólo queda flotando mi cuerpo desnudo y sublime, levemente magullado pero radiante de luz, sobre tu sombra decrépita pero inmortal.

Aún debe de haber luz.


Published in: on 13 agosto 2010 at 2:12 am  Comments (3)  

Piedra y realidad

Ya apunta la prostituta de Cuna de cuervos, escrito por la joven María Zaragoza, que la piedra es inmortal en nuestros corazones.  El corazón se aferra a la piedra, o a su recuerdo. Cuando dice piedra en realidad quiere decir tierra, cuna y origen. Pese a saber que quizá nuestro destino está en ninguna y en todas partes, en nuestra esencia quedan sellados los recuerdos y el deseo de volver al mismo lugar.

Mientras leía este exquisito relato, me convencí de que, debido seguramente a la inmadurez, era incapaz de huir de la piedra. Al principio me dije que era cuestión de crecer y de tiempo, pero luego pensé que quizá no lo lograría nunca: aunque corriese en busca de otra realidad, la piedra rodaría hacia mí persiguiéndome. Me espiaría por siempre, pintada en mi sombra, burlándose de mis pretensiones de olvidar. Y por terco e hipócrita, me negaría a darle la razón.

No encontraría otra forma.

—————————————————————-

Al llegar a casa la realidad le pareció desafiante. No es la que él había esperado encontrar, sino una hecha de objeciones y soledad. Las ilusiones parecían estar apagadas. Pobre infeliz, que creía en luces eternas… Pero todo en lo que siempre había creído era ahora una mentira, un sinsentido. Le habías dejado tu hálito triste, de derrota y pesimismo, y ahora no sabía qué hacer con él.

Por eso prefería fumar.

Y sí, tú tenías razón: fumar es una tontería, pero sólo a medias. El humo es nocivo pero no del todo inservible. Tú movías las manos, tratando de crear ficción, y él fumaba, ensimismado por el humo: los dos buscabais crear mundos. Por eso él escribía poesías, y por eso mismo tú fingías carcajadas sin sentido cuando, en realidad, estabas triste: porque la realidad es insolente.

Published in: on 26 abril 2010 at 4:03 am  Comments (5)  

Sólo unas pocas palabras

Qué estúpidos somos los humanos, que creemos conocerlo todo y quizá no nos enteramos de nada. Mis ganas de comprender a inadaptados e inconformistas están agotadas. No cargaré con la incoherencia y la estupidez de los demás; bastante tengo con la mía propia. El que repudia la mano que lo ayuda, el que traiciona a sus aliados, es sencillamente despreciable. Y un pobre tonto, por no saber observar la escasez de verdaderos aliados que nos acecha a todos. Eso sí: menos mal que, tarde o temprano, todo tonto acaba por definirse a sí mismo.

Una decepción más. Al carajo con ella, que me apetece ser feliz.

Published in: on 3 marzo 2010 at 2:36 am  Comments (2)  

Diciembre y el espíritu navideño

   El ruido de las gotas chocando contra los cristales del balcón me ha despertado muy temprano. Llueve y caen tormentas, y odio levantarme a estas prematuras horas un día de diciembre. Especialmente hoy, que tengo la sensación de tener los pies en un congelador, pese a estar calzado.

   Estamos en Navidad y hay que tener espíritu navideño, ¿verdad? Casi todo el mundo parece tenerlo, en casi todas partes se percibe: sales a la calle y te tropiezas con la plaga de luces navideñas, entras en un centro comercial donde suenan villancicos que de repetitivos pasan a ser cansinos –campanas sobre campanas…–, y en los semáforos hay individuos ciertamente desgraciados pero disfrazados de Papá Noel con humor, o eso parece. No sé los demás, pero a mí me da un morbo increíble ver a un Papá Noel corpulento y de raza negra. Quienes parecen haber terminado de esfumarse por completo, por cierto, son los Reyes Magos. Al final del día llegas a casa esperando encontrar tranquilidad y tomar anís, comer jamón o zampar polvorones hasta quedar harto.

   Bueno, el caso es que yo he decidido pasarme eso del espíritu navideño «por donde me paso la esponja todos los días», tomando ejemplo de la gran Carolina. Así es, porque este año sólo seré hipócrita en Nochevieja cuando me cuelgue una sonrisa artificial, engulla sólo seis o siete uvas y, posteriormente, grite a mi alrededor con aparente júbilo: «¡Feliz año nuevo!». No obstante, claro que me doy cuenta de mi infantilidad y egoísmo y me pregunto cómo soy capaz de tomar semejante actitud cuando hay un Papá Noel desdichado en cada semáforo.

   Y, siguiendo en mi línea, no me da la gana poner una canción navideña. Al Green me parece una mejor opción.

   Hala, Feliz Navidad a todos.

Published in: on 23 diciembre 2009 at 7:40 am  Comments (1)