Carta desde el desastre


   Querido Dustin:

   Falló el proverbio, pues la calma no vino después de la tempestad. No exactamente. Supongo que lo sabes. Recuerdo que los primeros días de mayo creíamos que los alardes sobre un posible estallido de guerra eran sólo espejismos. No apreciábamos entonces la magnitud que tomaría el conflicto bélico ni sentíamos el miedo. Pero aquella ignorancia nos la jugó, y repentinamente llegaron la desesperación, la muerte y el hambre.

   Cuando la hostilidad del ser humano decidió dejar de azotarnos, pienso ahora, también quiso enseñarnos el resultado espantoso de su obra, como un recuerdo cruel y pavoroso. El dolor sigue siendo profundo y constante. Cierto es que ya no oímos el ensordecedor ruido de las explosiones y que la presencia invasora ha ido desapareciendo de nuestras calles durante los dos últimos meses. Pero todavía hay gente indigente amontonada bajo los puentes de la ciudad, víctimas de la guerra, y mujeres y hombres en fila frente a la iglesia a fin de obtener un poco de pan y leche. Sin duda, la opción de despedirte de todo esto fue la más acertada.

   El amigo salmantino de Edwin tuvo que vender su finca y acomodarse en un pequeño piso que había sido herencia del padre de su mujer. El mismo Edwin, que ya sabes cuánto solía jactarse de su posición cuasi-burgués, fracasó en los negocios y volvió a su antiguo y olvidado oficio. En cuanto a las hermanas Jakobi, Zelma tuvo la suerte de casarse con un militar de alto cargo y esquivar los estragos de la guerra, y Wanda, que ya apuntaba maneras de libertina, se dio a la fuga con un marinero inglés sabe quién adónde.

   Desconozco tu estado de salud y las condiciones económicas en que te encuentras. Pero confío en que tras leer mis palabras sientas deseo de volver a tu tierra tan pronto como el terror deje de acecharte. Yo también te echo de menos.

Published in: on 7 enero 2010 at 3:14 am  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Muy buen fragmento, aunque ignoro a qué obra pertenece… He leído pocos libros durante mi vida, muy a mi pesar.

  2. No pertenece a ninguna obra. Si así fuera habría citado el título del libro y el autor, como siempre hago. Pero esto lo he escrito yo.

  3. Mola.


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