Futuro

      Luna tras luna siento que duermo en tu pecho, y hasta la llegada del alba me dejo endulzar por tu voz. La oscuridad de esas horas me trae una magia indomable, que calienta y enfría a un mismo tiempo. En la penumbra río al escuchar tu risa lejana, ensimismado por una felicidad pletórica. O me aferro a tus silencios contenidos, a tu memoria herida, a tu alma de guerra y fuerza, a tu rabia viva. Cierro los ojos y casi siento tu respiración contra mi piel y el peso de tus ojos sobre los míos.

      Pero la luna me quema si me acecha tu ausencia: esas noches te añoro tanto que te conviertes en polvo irreal y místico que pesa en mi cama, en luz azul de triste fantasía que me paraliza ante el miedo. Y pronto llega el frío calando en mis huesos, la oscuridad abrumándome el alma, tu voz en mi cabeza llenando un absurdo silencio…

      Me desquiciará la mañana con su hedor a muerte, clamando supuesta justicia divina en mis cuatro paredes. Y querré decirte cosas que se habrán quedado por ser dichas, querré decirte que aún te creo, querré decirte todo aquello que acallé en el silencio de la noche. Y se hará tan tarde en tu vida y la mía… La noche nos quitará el tiempo y para entonces sólo seremos recuerdo y ceniza, pero hasta la salida de un nuevo sol no querré sufrir tu ausencia. ¿Te habrás ido o seguirás ahí, en tu burbuja de niebla?

 

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Publicado en on 10 febrero 2011 at 6:21 am  Dejar un comentario  

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